¿Quién lo para a El Tano?

¿Quién lo para a El Tano?

El presidente de Boca influye en el fútbol, coloca jueces y espías, pero además no tiene techo. De las escuchas en el club en tiempos del Fino Palacios a los teléfonos pinchados en la Legislatura Bonaerense.

por Gustavo Veiga


La enésima denuncia semanal de Elisa Carrió actualizó las virtudes de un libro publicado hace un mes: El Tano. Sus autores, Ignacio Damiani y Julián Maradeo, se preguntan en la portada Quién es Daniel Angelici. Muchas respuestas están en su contenido. Otras en las ventanas que deja abiertas para futuras investigaciones. El presidente de Boca sabe muy bien qué es una pesquisa.

Su trayectoria y el entorno del que siempre supo rodearse delatan cómo construyó fortuna y poder. Lo demuestra el trabajo de los dos jóvenes periodistas que publicó Ediciones B. Sobre él escriben que “tiene muchas caras”. Tantas como que es capitalista del juego, dirigente de fútbol, operador político, abogado y escudero privilegiado del presidente de la Nación.

 En los nueve meses que lleva Mauricio Macri en la Casa Rosada, es uno de los hombres que mejor expresa a su gobierno.

La influencia de Angelici excede largamente al fútbol. Queda claro en cada uno de sus movimientos. Algunos se mimetizan con los de su hacedor, el propio Macri. 

En Boca queda a la vista en las tentaciones de siempre: el libre mercado, los proyectos faraónicos y los intermediarios amigos que a menudo terminaron en el aparato del Estado. Pero si El Tano tiene una dosis de secretismo, habrá que hurgar en la historia de su referente político: Enrique “Coti” Nosiglia. Su hijo, Hipólito, es directivo boquense.

Damiani se hace una pregunta inquietante cuando Página/12 le pide una opinión sobre el personaje de su libro: “¿Con el contexto político que impera en el presente quién lo va a parar?” 

Y amplía su descripción: “Angelici es un manual de construcción política. Hábilmente pretende que se haga foco en su condición de presidente de Boca y minimiza su poder. Sin embargo, es el brazo ejecutor de las políticas de Mauricio Macri en distintos ámbitos: AFA, la Justicia, en Boca. En ese trayecto sigue acumulando poder para sí mismo”
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En El Tano se cuenta cómo se habrían conocido los dos. Fue en el bar Los Naranjos de Pergamino donde Angelici es propietario del bingo Imperial. Los autores atribuyen el encuentro al primo de Macri, Jorge y dos radicales PRO cercanos al presidente de Boca: Christian Gribaudo y Claudio Niño.

En la ciudad bonaerense donde se cruzó por primera vez con el presidente, Angelici se maneja como un señor feudal. En junio de 2015 hubo una huelga de once días de los empleados informáticos de Tecno Azar SA, empresa tercerizada de su bingo. Reclamaban mejores condiciones laborales y salariales. No era la primera vez que se producía un conflicto semejante.

En el mundo de los juegos de azar, el blanco favorito de las críticas de Carrió en Cambiemos tiene más detractores que defensores. En 2011, Guillermo Fassione, el secretario gremial de Aleara –que reúne a los trabajadores de esa actividad–, lo denunció por enviar policías exonerados de la Bonaerense a espiar en su organización.

En el libro se cuenta cómo Angelici apeló a los servicios de una turba comandada por el presidente de la peña boquense pergaminense para impedir que los concejales locales votaran un gravamen a su sala de bingo en el verano del 2009. 

Un edil del Frente Grande, Julio Courtial, terminó herido. Al agresor lo imputaron en una causa en la que después quedó absuelto. Era un empleado de seguridad del bingo. El Tano había amenazado con trasladar su empresa a Junín si la situación se desmadraba.

Damiani y Maradeo desarrollan las fuentes de poder económico que le permitieron a Angelici procurar metas mayores. En la introducción de su trabajo explican que saltar a la política fue el paso siguiente. 

También influyó su relación simbiótica con el entonces jefe de Gobierno porteño: “La matriz de pensamiento, la planificación política, la continuidad de los negocios con los amigos del actual presidente argentino, la similar toma de decisiones en hechos trascendentes, supieron, definitivamente, encabalgarse sobre lo ya hecho por su jefe político. Si Macri se presentaba como lo nuevo, El Tano, sin fanfarria alguna, le aportó territorialidad y experiencia”.

Lo explica con más detalles Maradeo: “Tiene inagotable vocación de poder, ocupa una cantidad abrumadora de lugares importantes. Angelici y la trama en la que está inserto, como un primus inter pares, se podrían jactar de que ‘pusieron’ un presidente. 

El verbo poner no es inocente, es el que usa Iglesias Illa en su libro Cambiamos a la hora de describir a qué apuntaba la campaña del PRO. Constituyen una compleja maquinaria de poder. En El Tano lo que se van a encontrar es prácticamente un manual de cómo construir poder en la Argentina moderna”.

Una forma de hacerlo sin rubores es colocar piezas sobre distintos tableros. En ese arte, el presidente de Boca es un experto. El Poder Judicial, los servicios de inteligencia, esa industria de fervores sentimentales (Dante Panzeri dixit) que es el fútbol y el Colegio Público de Abogados son algunos de los territorios en los que opera el personaje del libro. 

Angelici intentó desligarse de esas influencias que le atribuyen en el programa de Mirtha Legrand. La conductora le mostró el libro y empezó a dispararle preguntas. Su entrevistado se encogió de hombros y largó: “No sé qué significa ser operador”; “no conozco el edificio de Comodoro Py”, “ser presidente de Boca da muchísimas relaciones”.

De todas las cuestiones con que lo vinculan, la más inquietante es su capacidad de maniobra sobre los servicios de inteligencia. En la investigación de 351 páginas se describe un hecho escasamente difundido. Que Macri le ofreció dos veces la jefatura de los espías. Y que el empresario de los bingos sugirió en su lugar a un ex representante de futbolistas: el escribano Gustavo Arribas.

“Angelici desistió de ser el Señor 5 pero no dejó de ser el Señor Tano. Luego de acordar con Macri el desembarco de Arribas –en la terna se manejaba la posibilidad de que ingresara uno de sus principales competidores en materia judicial, José Torello– Angelici se ocupó de poner un hombre de su íntima confianza en la AFI: Sebastián De Stefano, ex presidente del Colegio de la Magistratura de la Ciudad. El Petiso quedó a cargo de la Secretaría de Asuntos Jurídicos”.

Cuando Macri ya iba por su tercer mandato en Boca y Angelici empezaba a dar sus primeros pasos en la comisión directiva del club, el ex comisario Jorge “Fino” Palacios ocupaba la gerencia de Seguridad. 

En una nota publicada por este periodista el 22 de noviembre de 2010 (“Esa vieja costumbre de espiar a los amigos y enemigos”) se describía la psicosis de los teléfonos pinchados que se vivía en las oficinas de la Bombonera. En esa etapa el actual ministro nacional de Modernización, Andrés Ibarra, era el gerente general de la institución.


La sombra del Tano sobrevuela hoy en lugares donde se sospecha que ocurrirían hechos parecidos. En la Legislatura bonaerense los diputados de la oposición denunciaron el mes pasado que les pincharon los teléfonos.

 La comisión de Seguridad que debería tratar el tema la preside el diputado de Pergamino, Orlando Yans. Responde políticamente a Gribaudo, el mismo que según el libro de Damiani y Maradeo participó de aquel encuentro en el bar Los Naranjos donde se conocieron Macri y Angelici hace once años.